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Las noches de Dublín

A menudo se escucha decir que una semana en Dublín es más que suficiente para conocerla. En parte no le falta razón a esta sentenciosa pero incompleta afirmación. Si bien es cierto que Dublín, dividido en norte y sur por el río Liffey, no es una ciudad especialmente monumental, si la comparamos con otras ciudades europeas, también es verdad que viajar es mucho más que visitar monumentos

Guerras y revueltas que acontecieron en la capital irlandesa durante diversos períodos, especialmente a principios del siglo XX, dañaron seriamente muchas construcciones de Dublín, que perdió gran parte de su patrimonio arquitectónico para siempre. Aunque, en la actualidad, siguen destacando: el Castillo de Dublín, los edificios jorgianos del siglo XVII, el Trinity College o Costom House.

Pero cuando el sol se esconde -quizá lleve escondido semanas más allá de la lluvia y del gris- llega lo mejor de Dublín: sus noches. Turistas, dublineses y hordas de jóvenes procedentes de los pueblos cercanos, abarrotan las calles de la capital, sobre todo las de Temple Bar, zona de marcha por excelencia. Entonces se descubre que cada pub es un verdadero monumento y un tempo de culto donde abundan las actuaciones de música en directo y, por supuesto, la Guinness.

Otra tradición muy arraigada entre los dublineses es la de asistir en masa a los encuentros deportivos, sobre todo de rugby y fútbol gaélico. El estadio de Croke Park, en el lado norte de la ciudad, suele llenarse cada fin de semana si se celebra algún tipo de evento, haga sol, llueva o truene. También es posible ahondar en la historia de Dublín, muy interesante sobre todo en el período de la lucha por la independencia de Gran Bretaña, pero eso mejor después de la resaca.

Imagen: tascq.ie