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Nadar con tiburones blancos en Sudáfrica

Cuando se habla del tiburón blanco nos viene a la mente, de forma inevitable, la famosa película de Steven Spielberg. Dejando ficciones aparte, un adulto de esta especie suele medir entre 4 y 7 metros, y se acerca de improviso muerde a la presa y la suelta, siguiendo con paciencia un olor que puede percibir a kilómetros: el de la sangre. Pues la última moda en Sudáfrica es nadar con estos animalitos, simplemente.

Aquel que quiera vivir la experiencia de sumergirse junto a estas criaturas de dios puede hacerlo fácilmente en un pueblo costero llamado Gansbaai, ubicado a pocos kilómetros al sur de Ciudad del Cabo. Allí encontraremos agencias especializadas en la práctica de esta afición de riesgo. Lo que es seguro es que la descarga de adrenalina está asegurada.

Se organiza una excursión que cuesta unos 120€ al cambio (1.200 rands sudafricanos) y en la que se invierte toda la jornada. Los niveles de riego los elegimos nosotros: ver a los escualos desde la cubierta, inmersión en jaula o inmersión sin jaula. Para sumergirse es necesario pagar un extra, además de firmar algún que otro papel que libre de responsabilidad a la empresa.

Lo cierto es que el tiburón blanco nunca ataca al hombre a no ser que lo confundan con una presa de su dieta habitual, algo que no pasa con mucha frecuencia. De hecho, las muertes por ataques de tiburón blanco, generalmente ocasionadas por error del escualo, se cuentan como algo anecdótico. Aunque de poco sirve la teoría cuando tienes al lado la boca de un animal salvaje que puede arrancar de un golpe 14 kilos de carne.

Imagen: sobrecaribe.com